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NI LA PALABRA NI EL SILENCIO

“Ni la palabra ni el silencio”

Si en el lenguaje de la imagen se pudiera cifrar el silencio estaría en la luz. intensidad, luminosidad, claroscuro. Niveles de gris como tesituras de voz. Luces y sombras, miradas de imagen. Paréntesis graves y agudos.

La percepción niega la evidencia de la razón. Como si sólo pudiera ser la oscuridad. Difícil de aceptar para el hechizo de la imagen que se opongan los extremos del histograma, cuando es todo uno, cuando nunca aceptará jamás ser dividido ni quebrado. La profundidad asegura la continuidad. Confrontar la compacidad a la visión fragmentaria. Silencios. Grises.

Entonces, la ceniza es de color. Cuando el silencio no sirve. La palabra revelerá dolorosamente su propia imposibilidad. Recurso cromático. Texturas y tonos. Combinaciones, fórmulas de composición y leyes de contraste. Imaginación virtual. Sueño digital.

Al final, un mismo lenguaje. Tras el cristal, pueden quedar signos, modos de ciudades invisibles. O quizás, para otros ojos, la magia inexplicable, inasible, de la comunicación. Los pigmentos formarán iris, las texturas acuosas serán láminas materiales de realidad transformada.

De la exposición, Sala Ignacio Barceló, Córdoba (2007)

De luz menos amarga